miércoles, 5 de junio de 2024

ESTRENOS: "La Vida Fluyendo", nuevo avance del próximo álbum de La Habitación Roja

 

El nuevo álbum de La Habitación Roja sigue dando pistas de lo que sonará al completo a partir de otoño. El pasado viernes 31, el grupo de L'Eliana estrenaba su cuarto adelanto, "La Vida Fluyendo", que cuenta con las colaboraciones de The New Raemon a los coros y Marc Clos al vibráfono grabado, como el resto del disco en los estudios Ultramarinos Costa Brava en Sant Feliu de Guíxols(Girona) con la producción de Santi García y maesterizado por Víctor García. Como siempre, Jorge Martí nos cuenta la intrahistoria del la grabación y de qué va este nuevo clásico de los valencianos.

“En agosto de 2023, unas semanas antes de irnos a Sant Feliu de Guíxols para realizar una sesión de grabación en Ultramarinos Costa Brava con Santi Garcia, todavía no teníamos claras las canciones que íbamos a grabar. Finiquité las letras y las melodías de “La vida fluyendo” en Molde (Noruega), poco antes de emprender mi viaje a España. Las melodías, prístinas, llegaron primero, como una revelación, en la cabaña de mis suegros, pero necesitaba una letra que sublimara las mismas. Habían ingresado a mi suegro en una residencia tres meses antes y solíamos visitarlo casi a diario. Cada visita me removía por dentro y me dejaba un poso lleno de contradicciones. Los que me conocen o me siguen en redes sociales saben de mi devoción por mi suegro. He hablado muchas de veces de él y siempre admiré su bondad. Hace poco le escuché decir al periodista Fernando Navarro a propósito de “Algo que sirva como luz”, el libro en el que cuenta la historia de Supersubmarina, que su madre solía decirle a menudo: “acércate siempre a la bondad”. Me conmovieron esas palabras y no pude sino pensar en, Sigbjørn, mi suegro. Para mí él era todo lo que la bondad significa y siempre disfrutaba de su cercanía.
La última vez que tuvimos la oportunidad de sentarlo en una silla de ruedas y sacarlo a pasear en el jardín de la residencia tuve una especie de revelación. No sabíamos que esa sería la última vez antes de su fallecimiento, pero aquel exuberante día de verano todo a nuestro alrededor refulgía con fuerza. Era como si la vida fluyera ante nosotros y la naturaleza, en una especie de arreón final, se nos mostrara en toda su brillantez desbordando los sentidos, agudizados en ese preciso instante de una manera que si cierro los ojos todavía hoy puedo apreciar. Me fascinaron los colores del cielo, la hierba en todo su esplendor, el verde rabioso de las hojas de los árboles, el trino balsámico de los pájaros, los insectos danzando de flor en flor, la armonía con la que Ingrid interactuaba con su padre. Había unos arbustos de grosella que recolectamos y dimos a probar las bayas a mi suegro y una explosión de dulce y ácido sabor se apoderó de nuestras papilas gustativas. Me tumbé en un banco a contemplar la vida fluyendo y observando a dos de mis seres más queridos a mi lado, pensé en que no me hacía falta nada más, que ahí a mi alcance, columpiándose ante mis ojos, estaba la felicidad, serena y plena. Escribí la letra de la canción imaginándome a Sigbjørn diciéndonos desde su ocaso que debíamos aprovechar y apreciar cada momento único que la vida nos brinda, como el que estábamos contemplando ante nuestros ojos. Pienso de manera recurrente en la dignidad de la gente buena que pasa por este mundo discreta, respetando a la naturaleza y al prójimo y siento su abrazo puro y redentor. Entonces me doy cuenta de que si miro a mi alrededor siempre hay una brizna de belleza y esperanza que me inspira para seguir adelante.
Por cierto: el día que grabamos la canción en Ultramarinos Costa Brava, recibimos la visita de Ramón Rodríguez (The New Raemon) y Paula Bonet. Comimos junto a ellos frente al resplandeciente Mediterráneo que baña Sant Feliu de Guíxols y tras la comida, en un chiringuito frente al mar, hicimos una inolvidable tertulia que desembocó en el estudio de grabación finiquitando La Vida Fluyendo. Una vez allí acabamos las voces e incluso Ramón se sumó a los coros (también participó Marc Clos al vibráfono). Teníamos la sensación de haber hecho algo especial, que reivindicaba la vida, el amor y la amistad y además, como todos nos encargamos de señalar, la canción tenía no solo uno, sino DOS ESTRIBILLOS. Y esa es una de las virtudes de este nuevo sencillo, que cuando crees que el estribillo va a terminar, empieza otro más que eleva la canción a cotas de emoción que reconfortan el espíritu. Tras la sesión del estudio pasamos por Juanita Banana, una coctelería ancestral y de aspecto casi clandestino, para celebrar la amistad y elevamos más si cabe el espíritu, como ese doble estribillo de una canción que huele a clásico de LHR por los cuatro costados.”



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